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Inteligencia artificial y comunicación política: el nuevo paradigma en construcción
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Inteligencia artificial y comunicación política: el nuevo paradigma en construcción

Por Candela Giuffre (*)

La inteligencia artificial (IA) ya no es futuro, es presente. Desde la generación de textos, imágenes y videos hasta la creación de identidades digitales completas, la IA ha irrumpido en la comunicación política, abriendo nuevas oportunidades, pero también desafíos que hace poco parecían sacados de un capítulo de la serie “Black Mirror”.

¿Estamos realmente interactuando con candidatos en redes sociales o con chatbots programados? ¿La IA puede moldear nuestras opiniones sin que lo notemos? ¿Quién regula todo esto?

La IA ha llevado la automatización de la comunicación a otro nivel. Hoy los chatbots, que son programas de inteligencia artificial diseñados para simular conversaciones humanas, pueden interactuar con votantes en redes sociales como si fueran un intendente, un gobernador o un presidente. Responden preguntas, envían mensajes personalizados y simulan conversaciones reales.

Desde hace más de una década, la inteligencia artificial y la automatización han revolucionado la comunicación política. En 2012, la campaña de Barack Obama ya utilizaba herramientas automatizadas para responder mensajes, y en 2020, Joe Biden llevó esta estrategia un paso más allá con chatbots en WhatsApp y Facebook Messenger para interactuar con los votantes. El objetivo es evidente: personalizar el discurso al máximo y generar una sensación de cercanía con el elector, una táctica cada vez más utilizada en campañas que buscan conectar de manera directa y efectiva con la ciudadanía.

Cada vez que interactuamos con una IA, contribuimos a su entrenamiento. Estas herramientas generan respuestas basadas en patrones de lenguaje y datos previos, ajustando su tono y contenido según el usuario. A medida que reciben más información, mejoran su capacidad para interpretar intenciones y adaptar sus respuestas en tiempo real.

Candela Giuffre

Cuando la IA se aplica a la comunicación de un gobierno, puede modular sus respuestas según el perfil de quien interactúa. Un chatbot de campaña podría ofrecer respuestas más emotivas o racionales según el votante, enfatizar ciertas propuestas dependiendo de sus intereses, elegir qué información destacar y cuál omitir.

El riesgo: si los chatbots políticos ajustan su discurso a cada persona en tiempo real, la IA no solo informa, sino que moldea percepciones, refuerza creencias y limita la diversidad de perspectivas a las que un votante está expuesto.

Otra frontera que la IA ha cruzado es la creación de seres humanos virtuales. Hoy, un político podría estar dando un discurso en video sin haberlo grabado jamás. Herramientas como deepfakes y avatares digitales permiten generar imágenes y voces hiperrealistas, lo que abre la puerta a una revolución (o distorsión) en la comunicación política.

Ya no se trata solo de editar un video, se puede crear una identidad entera desde cero: nombre, historia, redes sociales, entrevistas… una persona que, en realidad, no existe. ¿Podría un candidato virtual llegar a ser más persuasivo que uno real? Y, más preocupante aún, ¿cómo se combate la desinformación si lo falso y lo auténtico se vuelven indistinguibles?

El filósofo Éric Sadin advierte que estamos en un momento clave de la historia, donde la inteligencia artificial no solo optimiza procesos, sino que promueve una forma de vida basada en la automatización y la uniformidad en la manera de pensar. En el terreno político, esto puede significar que el debate democrático sea reemplazado por discursos diseñados algorítmicamente para reforzar certezas en lugar de desafiar ideas.

La IA avanza, pero la regulación no puede quedarse atrás. La inteligencia artificial ha transformado la comunicación política y seguirá haciéndolo. No hay vuelta atrás. Es fundamental que los gobiernos establezcan leyes claras sobre el uso de IA en campañas políticas. Se necesita transparencia sobre el uso de chatbots, normativas que impidan el uso de datos sin consentimiento y mecanismos para detectar y frenar la desinformación generada por IA.

El futuro de la comunicación política con IA no está escrito. Pero lo que sí está claro es que la democracia no puede depender solo de algoritmos.

(*) Relacionista Pública. Analista en Proyección Consultores.

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